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Las hilanderas

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    Ruido de faldas y respiraciones sofocadas. Un grupo de mujeres espiga unos campos de cereal. En primer plano, de izquierda a derecha, Catherine y su hermana Emilia, inclinadas, y erguida, la madre.

CATHERINE (a la izquierda del cuadro).-

- ...Madre...

[silencio]

- ...Madre, he de deciros algo...

[silencio]

- ¿Me habéis oído, madre!?

MADRE (a la derecha, erguida).-

-Suelta lo que tengas que decir y espabila. Venir tan lejos para un puñado de espigas granadas.

CATHERINE.-

Mesié Roland, el capataz de los marqueses, es muy generoso con nosotras...

MADRE (cortándola).-

Espigar es un derecho de clase, no una gracia. Y si tu padre te oyera hablar así, te cruzaría la cara... En cuanto a ese perro de Roland...

CATHERINE.-

¡Callad, madre, nos pueden oir!

    El ajetreo de faldas y respiraciones se ve atravesado por un rebuzno cercano.

MADRE.-

Nunca te había visto esa pañoleta azul... ¿De dónde la has sacado? ¿No la habrás robado?

CATHERINE.-

No, madre.

MADRE.-

¿Entonces?

CATHERINE.-

Es un regalo.

MADRE.-

¿Desde cuándo reciben regalos los muertos de hambre?

CATHERINE.-

Madre..., he de deciros algo....

MADRE.-

Muy misterioso será cuando te cuesta tanto echarlo.

CATHERINE.-

Es que tengo miedo...

MADRE.-

El miedo también es un derecho de clase, pero no sirve para comer...

CATHERINE.-

Tengo faltas.

[silencio]

¿Me habéis oído madre? Digo que....

MADRE (cortándola).-

Te he oído, Catrin.... ¿Cuántas?

CATHERINE.-

Dos.. Creo.

MADRE.-

¿Has ido a la curandera?

CATHERINE.-

No voy a ir, madre.

MADRE.-

Tu harás lo que yo te diga.

Un nuevo rebuzno atraviesa el polvo suspendido en el aire de los campos segados.

MADRE.-

No sé quién te ha dado esa pañoleta azul, pero no quiero volver a verla.

CATHERINE.-

Madre, yo....

MADRE (la corta en seco).-

¡Cállate, desgraciada! Vender tu dignidad por un trapo!

EMILIA (con pañoleta roja, en el centro del grupo).-

No seáis cruel, madre. Fue usted la que nos enseñó a mostrarnos fuertes y orgullosas.

MADRE.-

También os enseñé a a cuidar de vuestro cuerpo.

EMILIA (respondona).-

Pues tú nunca te arrepentiste de haber engendrado a Catrin antes de desposarte con padre. Y cuando yo me quedé encinta del buhonero me ayudásteis a buscar...

MADRE (cortándola).-

Tú siempre has hecho lo que te ha dao la gana. Pero Catrin es distinta, ella no tiene...

CATHERINE.-

Yo no soy distinta, madre. Las tres somos espigas del mismo ramo. Si abre usted la mano ahora lo poco que tenemos se perderá

EMILIA.-

Usted nos enseñó a estar unidas, madre. A lo mejor, Catrin no es tan necia como pensáis. Lo que pasa es que se os atraganta pensar que el capataz Roland...

MADRE (cortándola).-

Conozco a los hombres, Emilia Un poco más que tú y bastante más que la tonta de tu hermana. Nada bueno puede venir de un tipo como Roland. El tiempo me dará la razón, aunque maldita la falta que nos hace.

[silencio]

MADRE.- Estoy ya muy vieja para pelear con dos mulas tozudas. Si Catrin lo quiere, que lo tenga. Dios nos ayudará... Al fin y al cabo , a vuestro padre le hubiera gustado saber que sus dos cepas daban buen vino.

Las hilanderas de Velázquez


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