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Haikús de ISA

El regato bajaba alegre y cantarín. Era un día de mayo, de hace ya muchos años. Con la caña varada entre las peñas, contemplaba los guijarros de la verdera. El brillo del sol reflejaba en las gotas salpicadas de las hojas.

Y, de repente, se posaron.

 

En el arroyo,

libélulas azules

sobre la menta.

En el estanque,
entre las espadañas,
dos niños miran.

Al atardecer,
hormigas vagabundas
en el naranjo.

Luz de Poniente
la sombra de la adelfa
crece al sol.

La tarde gris
deja lluvia de abril
en la catedral.

Ignacio Salvador Ayestarán