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Paco
Brines

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Los naranjos arden fuera de luz,

y el mar de velas blancas,

suben encendidos los pinos por el monte...

Alguien llega del bosque

con su cesta luminosa de grillos,

sus callados fuegos de hierba seca.

Él conoce quién es, toca la sombra del gigante,

le sonríe. Y enciende las ventanas,

deja la puerta abierta, le saluda

con dulce voz

y espera a que se aleje.

Yo reposo en la luz, la recojo en mis manos,

la llevo a mis cabellos,

porque es ella la vida,

más suave que la muerte, es indecisa,

y me roza en los ojos,

como si acaso yo tuviera su existencia.

No repite los hechos como fueron,