Eladio Cabañero

Como el olvido es malo, nunca olvido.

A cántaros se han hecho los mares para un niño;
con los besos no dados, el amor verdadero.

 

Poned el pan sobre la mesa,
contened el aliento y quedaos mirándolo.
Para tocar el pan hay que apurar
nuestro poco de amor y de esperanza.

Y nosotros, mis primos, mis amigos,
no volvimos tampoco de la guerra:
de repente crecimos, fuimos otros,
nos perdimos igual que se perdieron
de vista, hacia el Oeste, tantas cosas.

A solas pienso: esto tan ancho sé que no es el mundo

El cielo aquel pintado con tizas de colores...